Estaba esa vez yo desayunando, todavía pensando en lo provechoso, digo, divertido, que había sido mi sueño de esa noche con mis cereales delante de la cara (tranquilos, esta vez ya sabía donde los tenía...!), cuando mi Julay se me sentó al lado para ponerse a desayunar también. Como el pobre hombre cuando cenaba, siempre inchaba su comida a ketchup y salsa de carne, porque no le debía de gustar mucho lo que le ponían, apenas comía en la cena, entonces los desayunos le sabían a gloria, porque podía tomar algo que no hubiese sido cocinado (supongo que eso le debía de gustar... también, vaya gusto... todo industrial... no, si ya decía yo que mucho cerebro no debía de tener...).
Lo que no me imaginaba yo es que le supiesen tan a gloria como para que le provocase orgasmos...!!!
De repente se empezó a poner en plan: mmmmm! oh! mm!
No, si es que con eso de peinarse todo el día y no comer, cualquier cosa te acaba sabiendo a gloria...

